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En una reunión aparece la pregunta: “¿Cómo podemos incorporar inteligencia artificial?”. Alguien propone automatizar el seguimiento comercial. Otra persona quiere generar contenido más rápido. También surge la idea de sumar un chatbot para responder consultas.
Todas pueden ser buenas iniciativas. Pero hay preguntas que suelen quedar para después: ¿qué necesitamos resolver? ¿Cómo funciona la herramienta que vamos a incorporar? ¿Cómo vamos a comprobar que está haciendo bien su trabajo?
La urgencia por usar IA puede dejar poco espacio para entender dónde aporta valor, cuáles son sus límites y qué necesita de nosotros para funcionar.

Antes de automatizar, entender qué está pasando

Pensemos en un equipo comercial que recibe consultas, pero tiene una baja tasa de cierre. Incorporar IA para responder más rápido parece una solución lógica.

Sin embargo, antes conviene entender qué sucede con esas oportunidades. ¿Se asignan a la persona correcta? ¿Las respuestas consideran lo que necesita cada potencial cliente? ¿Hay seguimiento? ¿Se registran los motivos por los que una venta no avanza?

Si esas preguntas siguen sin respuesta, podemos terminar automatizando un mensaje que ya era poco efectivo. Llegará antes y a más personas, pero la dificultad comercial seguirá ahí.

La velocidad tiene valor cuando sabemos qué estamos acelerando.

 Producir más contenido no resuelve una propuesta poco clara

Lo mismo ocurre con marketing. Producir más contenido no resuelve por sí solo una propuesta de valor poco clara. Si hoy cuesta explicar qué nos diferencia, publicar el triple de posts va a darnos el triple de textos que dicen lo mismo.

Y sumar una herramienta para analizar el CRM exige revisar primero qué información estamos cargando y con qué criterio.

La calidad de los datos también importa

Esto último se subestima bastante. Un CRM suele tener campos incompletos, etapas del embudo que cada vendedor interpreta a su manera, contactos duplicados y motivos de pérdida que dicen “otro” en la mitad de los casos.
Una herramienta de IA va a trabajar con eso. Y va a devolvernos conclusiones que se ven prolijas, con gráficos y porcentajes, pero que descansan sobre datos que nadie revisó. El resultado puede parecer más confiable de lo que realmente es.

No hace falta esperar a tener procesos perfectos

No hace falta frenar todo ni esperar a tener los procesos perfectos. Alcanza con ordenar un poco la conversación antes de elegir la herramienta.
La inteligencia artificial puede aportar mucho a un equipo comercial y a un área de marketing. Pero rinde más cuando se apoya en procesos que entendemos y en objetivos que podemos medir.
Antes de preguntar qué herramienta sumar, tal vez la mejor pregunta sea qué parte de nuestro trabajo hoy no está funcionando, y por qué.

¿Querés revisar tu proceso comercial antes de sumar IA? Agendemos una charla